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Un cuenco de Nueva Inglaterra construido con capital propio, que ha esperado veinte años en silencio un torneo a su altura. Abierto al cielo, vigilado por un faro y — solo para 2026 — vestido con hierba de verdad sobre su habitual moqueta sintética. Cinco tardes de fase de grupos, un pueblo de dieciocho mil almas de repente anfitrión del mundo entero, y un estadio cuya mayor asistencia de fútbol siempre fue para los visitantes. Foxborough, querido lector, siempre ha sabido reconocer un buen partido.
— PROF. INKSWORTH, ARCHIVERO 🐙